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Infidelidad

Reflexiones acerca de la infidelidad

Para definir esta situación debemos sentar algunas ideas primeras. La construcción de la pareja es un fenómeno social y dinámico que implica acuerdos y renuncias de acuerdo a códigos legales, religiosos y culturales la mayor parte de los cuales se extienden por varios cientos de años. Aún así el proceso de construir pareja es dinámico y hoy la pareja pos moderna es sustancialmente diferente a la pareja de nuestros antecesores. Las familias se han transformado sufriendo una jibarización de sus miembros y sus espacios, llegando a ser lo que hoy se conoce como la familia nuclear, sistema diádico que como tal muestra sus fragilidades pues todas las proyecciones de amor y odio, expectativas, idealizaciones se depositan directamente en los miembros de la díada, la pareja. De hecho parece ser dentro de los sistemas uno de los más inestables.

Por otro lado, ambos miembros de la pareja están en proceso de transformación identitaria, pues tanto el hombre como la mujer han perdido las bases de lo que era un hombre y una mujer de sus generaciones anteriores y los cambios se producen a una velocidad tal que difícilmente logran adecuarse a este vértigo. Las exigencias de las ciudades modernas, de los roles y nuevos roles de género y la ideología del mercado de consumo producen efectos innegables en los comportamientos de la pareja de hoy.

Por otro parte un mayor empuje hacia el hedonismo y las satisfacciones inmediatas suponen mayores tensiones al interior de la frágil pareja de hoy. La sexualidad se ve envuelta en demandas muchas veces inabordables por uno o los dos miembros de esta, idealizada por los medios de comunicación y tergiversada de manera grosera por la pornografía y el erotismo comercial. Toda esta mezcla hace de la construcción de pareja un espacio de tensiones y placeres que muchas veces desbordan lo posible. Hoy, de una u otra manera la pareja se ha vuelto el espacio de realización personal, de subjetivación y crecimiento y esto implica demandas sobre la pareja desmedidas.

Por otra parte ambos miembros de la pareja vienen a su vez de espacios familiares en donde se da una lógica social de menos contención, mayor desprolijidad en las satisfacciones narcisisticas de los niños, por lo que ellos cuando niños fueron con mayor probabilidad menos contenidos, menos satisfechos en necesidades básicas especialmente emocionales. Estas necesidades básicas emocionales y afectivas muy probablemente se pondrán en juego en la relación de pareja de adultos, cobrando una cuenta que el otro no puede pagar si esta es excesiva.

Hoy sabemos bien que las funciones de apego en la infancia, es decir las capacidades obtenidas de seguridad y exploración obtenidas con un cuidador primario se internalizan en la primera infancia como modelos operativos internos de funcionamiento, es decir patrones de relación consigo mismo y con los otros. Estos modelos internos los podemos entender como modos de construir el mundo intrapersonal e interpersonal.

A lo menos hay 4 modos básicos y cada uno de ellos tiene sus características siendo tres de ellos ansiosos y uno seguro. Esta clasificación nos permite pensar en modalidades de entender y explicarnos conductas y cogniciones acerca de ellos mismos y de las relaciones sociales y fueron construidas en su basamento en los primeros dos años de vida. No ahondaré en ello pues nos es el tema del artículo pero lo dejo entrelineas para ir abordándolo en la medida que se necesite.

Por tanto a la hora de construir una relación de pareja confluyen dos mundos de distintas familias de origen, pensamientos y conductas disímiles, creencias y mitos distintos, tiempos distintos. Cada uno de ellos vive en un tiempo mítico edípico distinto, llegaron a un mito familiar edípico y en el viven, lo que pondrá a prueba su inteligencia emocional para resolver sus dificultades. Yo siempre sostengo que elegir a una pareja es elegir un problema, y el tema que nos propone es cómo resolvemos el problema. Allí es donde se echa mano a una serie de variables que apuntan a fortalecer la pareja en sus diferencias o a debilitarla y destruirla en estas diferencias.

 

La infidelidad se puede leer de varias maneras

1-     Como una traición al vínculo: es decir vulnerar un compromiso escrito y declarado públicamente ante un juez civil y/o religioso y en presencia de la comunidad. Pareciera que este hecho es claro pero no podemos quedarnos sólo con esta visión. Debemos ir más allá de esta deslealtad al vínculo para entender lo que sucede

2-     Podemos verla como una co-construcción de la pareja en donde el uno o el otro empuja al “infiel” a vivir o buscar en otro lugar lo que no se da en el vínculo (escucha, comprensión, afecto, sexo, crecimiento, etc. Aquí vemos que todas son necesidades básicas no resueltas en el seno de la pareja)

3-     Podemos verla como una modalidad de funcionamiento de patrones fantasiosos inconscientes en donde uno o ambos miembros de la pareja se “excita” incluso destructivamente (autodestructivamente) en su tiempo Kairos Edípico reviviendo sensaciones y representaciones inconscientes de “traición” por parte del otro de dejar de ser el objeto amado (aquí se revive la fantasía inconsciente del padre como el que interrumpe el idilio amoroso del niño(a) con la madre en la primera infancia.

4-     Podemos ver la infidelidad como un patrón de funcionamiento interno del apego evitativo que le impide construir vínculos intensos e íntimos y por tanto se buscan experiencias casuales, momentáneas sin mayor compromiso afectivo, sino más bien satisfacción sexual desprovista de afecto

5-     Podemos entenderla como un patrón de pensamiento y de conducta que está presente en el apego ambivalente de buscar la satisfacción emocional a cualquier precio y de sentirse eternamente insatisfecho, por lo que su fantasía inconsciente (de él o de ella ) es “buscar a una madre o padre que me ame a cualquier costo”

Es decir no hay una sola forma de entender y acercarnos a la infidelidad de pareja, Cada pareja es un mundo y ese mundo hay que conocerlo, comprenderlo y hacerlo más vivible

 

Dependiendo de la tipología del “infiel” comprometerá o no sus sentimientos amorosos en más o en menos. Lo cierto es que pareciera que los que tienen apegos evitativos sueles disociar mejor sus emociones y sentimientos y vincularse “más fríamente” en relaciones casuales. Tienen una mejor manera de disociarse por lo que incluso en el caso de los hombres pueden tener incluso dos o más hogares al mismo tiempo, lo que invita a una capacidad de manejo de sentimientos y de involucramientos muy especiales

Los y las con apegos más ambivalentes tienden a ser más demandantes, pasionales (al menos al inicio), acosadores, “pegajosos” y como dije buscan fundamentalmente afecto. Pueden llegar a ser en estas demandas muy dañinos (as) pues en mi experiencia clínica encontramos aquí mayor número de estructuras más border line o limítrofes, los que suelen ser más demandantes, angustiosos, ambivalentes, idealizadores y devaluadores, dependientes emocionales, etc.

 

Los que tienen apegos más desorganizados (cuarta tipología general) suelen ser muy inestables emocionalmente, usar patrones desorganizados y desarticulados de vinculación, se suelen encontrar más psicopatías aquí y tienden a tener conductas proclives a la sobre exposición, dependencia, violencia intrafamiliar, abusos y toxicomanías, etc. Aquí hay una mayor asociación de infidelidad y promiscuidad. Es decir aquí la infertilidad obedece más bien a un problema de desregulación emocional y se escapa de los parámetros de conflicto propiamente tal de pareja.

Yo diría que el amor siempre está presente, si entendemos el amor como el depósito de algo en el otro, a la espera de una recompensa afectiva, emocional o sentimental. Solo que se viste de distintos matices, de distintas vestidura, usa distintas máscaras. En algunas infidelidades la pasión amorosa es el ropaje que encubre la rabia, la necesidad de hacer mío al otro, con furor……en otros el romanticismo y la idealización pueden encubrir el miedo a acceder al cuerpo, al sexo……la frialdad emocional pero el erotismo exacerbado puede ser la llama que use el evitativo. En fin creo que el amor está en sus distintos matices, encubierto como fantasma con distintas sábanas.

 

Las parejas que mejor construyen sus relaciones han sido avaladas por estudios longitudinales interesantes. En estos estudios se demuestra que hay variables que puntean positivamente y otras negativamente

Las negativas son:

  • Sarcasmo, ironía
  • Desvalidar al otro (especialmente en público)
  • Evitar y detener el crecimiento del otro
  • No escuchar al otro
  • Colusión o roles fijos
  • Apatía por el otro
  • Sentirse abrumado (solo)
  • Stone Walling (disociarse entre lo que muestro y lo que siento)
  • Los cuatro jinetes del apocalispsis (Gotman)

(Crítica, defensividad, desprecio, cerrojo emocional)

Las primeras (positivas) son las siguientes

  • Humor compartido
  • Preocupación por el otro
  • Intercambio de roles
  • Promover los sueños del otro
  • Sentir admiración por el otro
  • Buscar espacios para estar juntos
  • Escuchar y considerar al otro

 

Como se ve en el amor como “mariposas en la guata” parece ser una abstracción de una serie de intercambios en la pareja, que llevado a los más cotidiano se muestra en estas formas de relación de la pareja. A mi manera de ver me parece que la ADMIRACION  es una de las más claves en este proceso

Revisando estas variables nos damos cuenta que toda pareja pasará por crisis y las que no pasan por estas crisis de re acomodación probablemente podríamos sospechar de la inexistencia de una PAREJA, como PARES, sino más bien del sometimiento de uno de los miembros a los caprichos y dominio del otro.

Los problemas y las discusiones son inherentes a la pareja y la capacidad que tenga de distender las escaladas de agresión al interior de esta y de mantener una cuenta de ahorro, un colchón emocional que suma en azul a la hora de evaluar la relación es fundamental. Las parejas que en una crisis miran la historia de la pareja y recuerdan más positivos que negativos es una pareja con posibilidades de superar una crisis, incluso de infidelidad. Para ello se deberá sanar la herida, sacar la costra si es necesario, vaciar la pus y re cicatrizar, en un período de duelo que suele ser variable pero que bien conducido puede tomar un año. Esto habitualmente, para que la cicatriz no deje lesiones y secuelas graves deberá ser patrocinado por un terapeuta de experiencia.

En algún momento me refería a las fantasías inconscientes de cada miembro de la pareja y expresé que la fantasía del otro que ocupa mi lugar de objeto amado en la infancia puede ser un motivador de infidelidad, aunque duela. Pues bien en la etapa del ciclo vital cuando la pareja recibe en el seno de la díada a un hijo puede ser el momento que se busque la salida especialmente desde el hombre con apegos más evitativos con la infidelidad. Así, la imposibilidad de aceptar que otro ocupe mi lugar puede ser detonante de busca salida por otro lado. Esto dependerá también de las lecturas y señales que esa madre le dé con respecto a la llegada del hijo. Es decir, hay mujeres que suelen desplazar demasiado al hombre con la llegada de un hijo, como objeto de deseo y amoroso, volcando todo el deseo en el bebé. Allí es donde emergen las necesidades y fortaleza como también las debilidades de cada uno en sus apegos  (es decir la capacidad de soportar la tensión creada con este otro que aparece en escena, el hijo). Esto hace de la maternidad y de la crianza en los primeros años un punto de fragilidad para algunas parejas, pues e ponen en juego como decía componentes edípicos

Otro momento de fragilidad es la crisis de los 40 o más años en donde en la mitad de la vida tanto el hombre como la mujer revisan de forma más o menos consciente sus logros y expectativas de vida. Es en este momento cuando puede surgir la posibilidad de la infidelidad para validarse como hombre con una mujer más joven o como mujer con una aventura que revitalice y haga rejuvenecer los deseos. Estas aventuras pueden dejar marcas considerables en la relación pues coinciden con el último destete de los hijos, la universidad o la partida de alguno de ellos para construir pareja. Especialmente susceptibles pueden ser las parejas que han volcado su hacer en la tarea de ser padres más que pareja.

 

La ruptura por infidelidad se puede reparar, se puede cicatrizar. Yo recomiendo dejarlo siempre en manos expertas y evitar los arreglos entre conyugues pues muchas veces en este arreglo predominan las agresiones por largo tiempo, especialmente desde el miembro engañado, y esto deteriora aún más la frágil relación.

La terapia pasa habitualmente por hacerse cada uno responsable de lo que llevó a la infidelidad y el quiebre y asumir el cambio que implica la reconstrucción del vínculo. Este por lo general deberá conformarse de nuevo, con actores renovados en la esperanza de retomar proyectos e ideales que hay que negociar. Para este proceso es indispensable a mi manera de ver limpiar la relación, hablar y llevar a simbolizar las emociones que se agitan tras la infidelidad. Con pus bajo la piel, la cicatrización siempre será parcial y la herida tenderá a re abrirse una y otra vez. Creo que más que el perdón, lo que se debe buscar es el hacerse cargo de lo que cada uno erró, de lo que no se hizo cargo y que fue lo que llevó a la situación de quiebre vincular

Sin embargo quiero plantear una cuestión más de fondo. Me parece que uno de los problemas que hoy constituye un piedra en el camino en las parejas es la falta de sinceridad. Es decir, construimos las parejas bajo la idea implícita que nunca más nos pasará nada con nadie, es decir nunca el varón mirará a una chica guapa, ni ella nunca se estremecerá con un tipo guapo. De hecho esto no ocurre y tanto a él como a ella les pasará muchas veces en la vida de pareja que sentirán atracción, sensaciones y conmociones eróticas con otros. Pero aquí lo absurdo. Él le contará a sus amigos, a una buena amiga (de esas que nunca faltan en la vida de los hombres), que le ocurrió tal y cual cosa con una chica que conoció, que se sintió atraído, que incluso pudo haber un juego de seducción, etc. Pero en esta historia la única que por ningún motivo sabrá es esa mujer que él eligió entre todas (las que pudo elegir), la única que no sospechará nada de este juego de seducción, la única que vivirá el cinismo de su compañero. Esa es su pareja.

Y del otro lado recompongamos la historia de igual manera. Ella conoce a un tipo en una reunión, miradas, sensaciones, pensamientos, etc. Ella jamás le contará a él, a su pareja, a su amor, a su compañero y amigo. Al que eligió entre todos (los que conoció), a ese privilegiado, jamás sabrá lo que realmente piensa y siente su pareja.

Entonces la pregunta es ¿cuál es el infiel, el que reconoce que le pasan cosas (como todo humano) o el que lo pillan al final de un sin número de mentiras?. ¿El que abre con ella un espacio de confianza y libertad para aceptar que somos seres humanos sintientes, y que nos ocurrirán atracciones en la vida con otros?

Yo creo que la pareja tiene un error constitucional, en la base, en los cimientos de la relación y que es la peregrina idea de la posesión del otro, de ser el dueño del otro. Se mata en esta ideología la confianza y la confianza para mi es el campo del amor. Sin confianza, sin libertad de decir y expresar, sin la complicidad para jugar y aceptar la realidad, el resto se transforma en una idea infantil de posesión del otro, una idealización de los cuentos de hadas, cuentos de niños. El amor es aceptación (de la realidad) y es sobre esta realidad que debemos construir vínculo, pero vínculo de realidad no de ceguera ni de infantilismos. El compromiso de pareja requiere renuncias, es cierto, pero requiere confianzas para hablar y aceptar lo que nos pasa, para transparentar nuestras emociones, para ser acogidos por el otro en nuestra emoción. No necesitamos una madre o un padre que nos reprima en la posibilidad de expresarnos y que nos diga “No yo no quiero saber nada de aquello que te pasa y que yo no quiero saber” En otras palabras, ojalá que las nuevas parejas, las del pos modernismo se den la posibilidad de no seguir construyéndose en ese dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. Podríamos retrucar con “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Veamos entonces, aceptemos la realidad, mejores el trabajo con los niños para que ellos logren auto regularse mejor y construyan relaciones de adultos más sanas y reales que la farsa que vive y disfruta  la mayoría de hoy.

Dr. Christian Thomas Torres

Director CesCh

Terapeuta sexual