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Sexualidad y Tercera Edad

Probablemente uno de los temas más desarrollados en artículos de revistas y periódicos sea la sexualidad. Sin embargo, creo no equivocarme al afirmar que sabemos casi nada de este tema. En las últimas décadas hemos aprendido mucho acerca de la fisiología y la biología de la sexualidad pero casi nada, o muy poco, de otros componentes como la afectividad, la espiritualidad y la trascendencia que acompañan nuestra propia sexualidad.

Para que decir acerca del tema en la tercera edad. En los últimos treinta años el desarrollo de la modernidad – a saber, medicina, ciencia, cultura, educación – han prolongado de manera sorprendente la expectativa de vida en el adulto hasta alcanzar actualmente en Chile un promedio de esperanza de casi ochenta años al nacer.

Este avance no ha sido complementado adecuadamente en lo que respecta al conocimiento  acerca de que necesita un hombre o una mujer después de los sesenta y cinco años en el plano sexual. De hecho, el gran error -a mi manera de ver las cosas- es el haber extrapolado las necesidades y requerimientos de la población de menos edad al estrato mayor sin considerar  las cuestiones culturales, educacionales y espirituales de este rango poblacional.

La aparición, por ejemplo, de medicamentos estimulantes y mantenedores de la erección pensados fundamentalmente para este grupo de hombres, ha resultado  en que su consumo ha sido sobrepasado por grupos de hombres de menor edad, en especial jóvenes de treinta años.

Hay muchas razones que pueden explicar este fenómeno, especialmente relevante en Chile y que además, lo ha transformado en un gran consumidor per cápita en este tipo de medicamentos. Entre ellos podemos encontrar los factores económicos y por supuesto, los falsos mitos en relación a las contraindicaciones para los usuarios de más edad. Sin embargo, creo que no se ha considerado que para muchos “viejos”, la sexualidad corporal se trasciende hacia una sexualidad de afectos y probablemente, en algunos pocos, hacia una sexualidad espiritual verdadera. En eso soy tajante, pues creo que son muy pocos los seres humanos que alcanzan a vislumbrar la posibilidad de alcanzar alturas espirituales a través de la sexualidad.

Debemos tener especial cuidado en no contaminar a la población de tercera edad con necesidades sexuales que son propias de edades menores, tanto en relación a frecuencia de actividad sexual, a la importancia que ellas tienen como a la duración y características que estas deben tener. Cada pareja de la tercera edad, cada hombre y cada mujer deben determinar el tipo de sexualidad que desean vivir y disfrutar. La juventud ha quedado atrás para ellos y reactualizar etapas pasadas lleva a no crecer, a repetir compulsiva y amargamente actuaciones que frustran y desilusionan, influidos por los medios de comunicación y una cultura médica irreflexiva, que presionan, influyen y distorsionan la sexualidad produciendo patología y sufrimiento en lugar de alivio y felicidad.