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Orgasmo y encuentro Divino

Normalmente cuando se habla del orgasmo, el común de las personas tiende a asociarlo a un reflejo que se produce cuando el hombre y la mujer alcanzan el máximo placer posible en una relación sexual. Más técnicamente se podría definir como una reacción fisiológica que ocurre en el cuerpo por la descarga de algunas terminaciones sensitivas. Pero si uno va hacia la etimología de la palabra, hay al menos dos acepciones para orgasmo. La primera tiene que ver con el hervir, el ardor, una especie de ebullir de algo, y la otra dice relación con orgiasmum.. que significa estar lleno de Baco, es decir estar en conjunción con este dios de la mitología griega y romana que representa el placer, aquellas cosas que producen liberación, con contactarse más con lo dionisiaco.

Sin embargo, según  Cristian Thomas, gineco-obstetra y director del diplomado de sexualidad humana, “es interesante considerar que el orgasmo es un momento en el cual, por un instante, la persona deja de ser YO, deja de ser EGO y se produce al interior de ella una especie de dilución en el todo. Es un instante pequeño -el orgasmo tiene unos segundos de duración- pero es un instante muy ectasiante, porque al producirse  la dilución del EGO, queda la persona prácticamente en la vacuidad, en el Nirvana, en una conjunción con la totalidad”.

Y agrega, “el Dalai Lama decía que los estados de vacuidad, es decir los estados de nada o todo al mismo tiempo, se pueden ver en el momento previo al desmayo, en los momentos pre sueño, en la meditación profunda, en los estados pre muerte, en el estornudo y en el orgasmo. Entonces es muy interesante destacar que el orgasmo es un pequeño acercamiento hacia un estado distinto de conciencia, en el cual, la conciencia se evanece, desaparece, y se entra en un estado de totalidad”.

Para Thomas, lo interesante de todo esto es que si se revisa la literatura, el orgasmo no aparece como un elemento importante en prácticamente todo el desarrollo de la humanidad, lo que viene a hacerse patente en el siglo XVIII y XIX, en especial en Francia, en donde al orgasmo se le llamaba la Petit Morte. Según señala, se le denominó así -pequeña muerte- porque ellos consideraban que los estados de conciencia, los estados de control, eran los estados de humanización y que toda pérdida de control, toda inconciencia es un estado animal; por ello durante un par de siglos, sobre todo en países como Francia, Inglaterra y muy especialmente en los períodos victorianos, las mujeres se controlaban de no entrar en el orgasmo, ya que la señorita tenía que ser muy controlada, no perder la cabeza y no permitirse ir a estados más allá, lo que las mantenían plenamente humanas, y desconectadas de lo que pudiese ser el placer que te deshumanizaba.

Por ello, muchas generaciones de mujeres vivieron bajo esta presuposición, bajo este paradigma, que el control era lo que las mantenía humanas y que todo lo demás las llevaba a un estado de deshumanización o de animalidad, cosa que seguramente afectó muy fuerte a nuestras abuelas y muy probablemente a nuestras madres.

Cabe destacar, que todo lo anterior, coincide con el período de tiempo en el cual aparecen las teorías darwinianas, que decían que el hombre efectivamente vendría como una cadena de la animalidad, sería un eslabón más. Sin embargo, en Inglaterra, durante 40 años falsearon un cráneo que demostraba que los simios continuaban una línea evolutiva distinta del hombre, y que este último sería una especie de divinidad construida por dios que viene de una línea propia, el cual no tiene ninguna relación ninguna con los animales. Nuevamente nos enfrentamos al acto humano que pretende escapar  de lo animal.

Pero cuando se descubre este fraude, hubo que rehacer nuevamente todas las ideas de la antropología, lo que permitió que se hayan encontrado todas las líneas de evolución que se conocen hasta hoy día, en donde claramente el hombre moderno viene del Sapiens y así sucesivamente hasta su origen simiesco.

Entonces, en la medida que se perdió el miedo a sentir que en cada uno de nosotros hay un elemento filogenético, o sea que hay un elemento animal constitutivo de nosotros, apareció la idea de que era posible conectarse con este estado de inconciencia y vuelve a florecer la hipnosis, vuelve a renacer la idea de inconsciente de Freud como parte de aquello que está en nosotros pero que necesita ser reprimido, escondido, pero que está.

A modo de especulación, el director del diplomado indica “si uno revisa nuevamente la historia, siglo XIX, XVIII, y para que decir el medioevo, el hombre tenía una gran comunicación con lo divino, había una fe y una credibilidad muy fuerte en Dios. Pero en la medida en que aparece el desarrollo de las ciencias, se empieza a cuestionar muchas de las cosas paradigmáticas, mucho de aquello que testimoniaba como fe a las otras cosas, por lo tanto, en la medida que la ciencia ha ido demostrando de forma empírica que el Paraíso no existió en los conceptos bíblicos concretos, que no hubo un Adán y Eva, que no es cierto que el hombre fue creado hace 5 mil años, se empezó a cuestionar todo. Ahí se produjo una enorme brecha entre la religión y la ciencia, e hizo que el hombre perdiera la conexión y se empezara a conectar más con la ciencia. Por eso hoy en día tengo la sensación que la nueva religión es la ciencia, especialmente en la medicina, la medicina basada en  la evidencia, ya que las cosas son en la medida que tú lo puedas demostrar, y ya no es una cuestión de creencias o de fe, porque la medicina tradicional te cuestiona y te pide que demuestres estadísticamente, lo que dejó al hombre sin la conexión divina. ¿Qué es lo único divino que le queda al hombre como rito diario?; el orgasmo”, afirma Thomas Este es el único instante que tiene el hombre occidental moderno, de conexión con lo divino, pero no tiene idea ni es conciente de aquello, es más, ni siquiera sabe lo que es un momento de conexión divina, pero éste es el único instante que le queda espiritual en que puede conectarse con algo más allá.

Por ello el gineco-obstetra y sexólogo piensa lo siguiente. “Tengo la sensación que esta verdadera mitología en torno al orgasmo se ha transformado en una casería, en que todas las parejas lo que buscan en general, es llegar a ese instante porque si no la relación no es válida. Se perdió la complitud, se perdió el compartir, el disfrutar, el estar, tras el fin que es el orgasmo, transformándose en una especie de santo grial, en un mito que hay que perseguir y encontrar. Mi sensación es que en ese momento, justamente en el cual se produce la perdida de conciencia, es cuando cada persona en su pequeño mundo logra entrar en una instancia superior, en una conjunción divina con algo que le pertenece a los demás. Por un instante el YO desaparece, porque el YO es lo que nos separa. El Zen dice que lo único que debemos hacer es dejar el YO de lado para ser feliz, o sea volver a la unicidad. Lo que nos separa del mundo es el YO, es la ilusión de que tú eres distinto al universo, a un árbol, a la tierra, pero nada es distinto, lo único que te hace distinto es la ilusión del YO, pero si tú lo dejas de lado puedes volver a ser el árbol, puedes volver a ser la tierra, puedes volver a ser dios, puedes ser el universo.

Si dejas el YO de lado, la vida puede ser un orgasmo, cada instante puede ser un instante de gozo permanente, de estar aquí conectado”.
Por esto, la gente del área de la salud debe tener en claro que detrás de la búsqueda de este orgasmo, no está solamente la búsqueda del placer, hay un intento de reconexión con el universo, y por lo tanto hay que dedicarse a reeducar a las parejas para que vuelvan a invertir en el placer permanente del acto de encuentro y no en la meta a alcanzar. Eso tiene mucho que ver con desmitificar el orgasmo, desmitificar la penetración, desmitificar el encuentro entre dos, lo que representa una enorme tarea de educación.

En opinión del médico, “la comunidad tiene la tarea de volver a reencontrarse con elementos más espirituales, de volcarse hacia el interior y menos hacia el exterior, de salirse  un poco del estigma  que en  la medida que tenemos,  somos,  que no es necesario para ser un hombre feliz, tener un auto nuevo -te puede ayudar- pero la felicidad y el encuentro está en otra parte y en la medida en que le podamos enseñar a los niños a ser más contactados con ellos, con el cuerpo, con sus sensaciones, a respetar más la naturaleza, a descubrir que en cada una de esas cosas hay lo que llamamos Dios -que puede ser mirado de múltiples formas- entonces vamos a poder hacer que las personas sean más felices, y que la vida sea un gozo más duradero y  no se busque desesperadamente esos momentos de felicidad por unos pocos segundos, ya que hay otras formas para obtener un orgasmo. Este puede ser el contacto con uno mismo, con la meditación, la introspección, el descubrirse, el contacto con la naturaleza, el darse la mano e incluso el disfrutar del trabajo mismo.

Esos momentos de conexión con el todo, en el cual desaparece el YO o al menos se aplaca, pueden ser muchísimos. El sólo hecho de abrazarte con alguien puede ser un momento en el cual dejas de ser tú para transformarte en dos que son uno, y cuando dejas de ser tú, puedes ser todo”.