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La Bisexualidad Adolescente

Dr. Christian Thomas, médico sexólogo

Existe la común percepción que muchos adolescentes experimentan relaciones homosexuales y heterosexuales al mismo tiempo. En realidad decir “muchos” es una vaguedad sin número. No se tiene la cifra exacta, al menos en Chile, y pareciera por las vivencias clínicas que aún es porcentualmente muy bajo. Esto es, en el entendido que nos estamos refiriendo a conductas coitales o de intimidad declarada en lo que ubicamos como sexual, -besos, caricias, masturbación mutua- y con cierta continuidad en el tiempo.

La adolescencia es una época de crisis, de cambios que remecen las estructuras aún febles de la personalidad. Es un período de ajustes, de encuentros y desencuentros con las figuras más trascendentales para los humanos: los padres o sus sustitutos. Es el momento mítico de la rebeldía contra la omnipotencia del Padre (simbólico),  instante de revelación ante la omnisciencia de las figuras parentales. El adolescente desafía a los dioses, les proclama su lucha heroica, declara que no se resignará ante los designios del padre y, viaje por la vida mediante, intentará ocupar su lugar.
Así, de esta manera, es la época de la rebeldía, de la revolución. Instancia de alzar la espada y trazar su destino. Krishna desafió a Kans, el tirano hermano mayor, lo mató y ocupó su lugar. Jesús desafió la ley judía, al Padre simbólico, la ley, alzó su espada y estableció la nueva alianza con su Padre, transformándose en Él, ocupando su lugar.
En esta búsqueda de diferenciarse de los padres y definir quién es, ocurre con frecuencia el extravío, la confusión. Se activan fantasmas infantiles, vivencias anteriores, angustias primarias y la anarquía puede conducir el proceso. Cuando ello ocurre el caos se enseñorea y se pierden las diferencias.

Esa diferencia es lo que define ser hombre o ser mujer. Cuando la diferencia se pierde entonces la confusión entre ser hombre o ser mujer se difumina. En esta zona es entonces posible perder el límite, límite que establece las diferencias. Se produce una pérdida de la realidad y los estados psicóticos priman. Cuando digo sicótico, digo ese estado de complitud, de estar en una realidad distinta, realidad que quita los límites y donde se busca más la igualdad que la diferencia.
La diferencia asusta, lleva a las fronteras del miedo, al abismo de lo desconocido, de lo impredecible. De esta manera se busca lo conocido, la igualdad, lo homosexual, el mismo sexo.
Pero como la identidad esencial aún late con fuerza entonces los encuentros heterosexuales también se producen.
Sólo en casos más graves, regresiones a estados psicóticos más infantiles (primeros cuatro años), se establecen trastornos de personalidad más severos de bisexualidad verdadera, en las que la posición omnipotente que ocupa el adolescente, de ser ambas cosas al mismo tiempo, delata una pérdida importante del juicio de realidad.
Es bueno diferenciar estos trastornos de las conductas antes descritas y que no importan conflictos severos, sino como ya lo expresé, extravíos en el camino de la identificación, confusiones, que, vale decirlo, en muchos casos obedece a fallas en el “ofrecimiento identificatorio” de la madre o el padre para lograr una adecuada estructura de identidad.

Recuerdo el caso de un muchacho de 18 años que mantenía relaciones homo y heterosexuales por períodos breves, con gran dificultad para establecer relaciones estables con muchachas. De hecho presentaba un intenso cuadro de eyaculación precoz en los acercamientos íntimos con ellas. Sin embargo, mantenía, en especial con un amigo, relaciones masturbatorias, de caricias y besos ocasionales, placenteras y sin signos de eyaculación precoz. Su madre, muy estimada por él, era una mujer muy dominante, asfixiante y controladora. De esta forma trasladaba esta angustia edípica con su madre a las chicas lo que le impedía, por miedo, conformar relaciones seguras y estables.
En cambio, con su amigo todo era previsible y seguro lo que le permitía desarrollar sin tanta angustia su lado placentero.
Trabajada la relación con su madre, pudo lograr definir la heterosexualidad como camino y separar su mundo infantil, angustioso y caótico, elaborar el duelo de la separación con su madre, definir límites más claros y establecer relaciones heterosexuales más integras y seguras. La eyaculación precoz, si bien se siguió presentando con intermitencias, no reviste la gravedad de sus inicios de adolescente.

Resumen: no se debe confundir los trastornos severos de identidad bisexuales, con las conductas homo y bisexuales que algunos jóvenes desarrollan en su búsqueda identitaria. Si bien, estas experiencias no pasan inadvertidas para la psique, bien elaboradas pueden permitir resoluciones sanas y con el mínimo de daño y repercusión psíquica.

El juego de las identificaciones y contra identificaciones que ocurre en la adolescencia es tan complejo que las causas son múltiples y en muchos de los casos, el camino que transitoriamente se elige, es la mejor opción que la mente encuentra para desembarazarse de las cargas angustiosas que la amenazan.