Estudios

Estudio Preadolescentes INJUV

Preadolescentes se sienten más cercanos a la juventud que a la niñez
Estudio del Injuv:

Las niñas, lejos, se sienten mucho más cercanas al concepto de joven que los niños. Algo que se explica porque su desarrollo físico y sexual comienza antes que el de los varones.
Investigación indagó en los hábitos y percepciones de los niños entre 11 y 14 años para explorar la posibilidad de rebajar la edad de entrada a la juventud.

Los preadolescentes se perciben más como jóvenes que como niños. Porque sienten que piensan más las cosas, que tienen más responsabilidades y porque saben que su cuerpo ha cambiado. También, porque creen que tienen las cosas «un poco más claras» y son «más libres».
Todas percepciones que quedaron claras en un estudio encargado por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) al Instituto Superior de Pastoral de Juventud (Ispaj), que exploró la posibilidad de bajar la edad a la que una persona se la considera joven de 15 a 14 o 13 años.
«Hace 16 años parecía sensato pensar que la juventud partía a los 15 y terminaba a los 29. Pero sentíamos que había pasado bastante tiempo y quizás las cosas habían cambiado», comenta Rodrigo Asún, jefe del departamento de estudios del Injuv.
Por eso, el estudio indagó en las percepciones y comportamientos de 430 niños entre los 11 y 14 años. Y se encontraron con que ellos se sienten más cercanos a la juventud, tanto en sus gustos como en sus comportamientos.
Por ejemplo, dice Rodrigo Asún, que ellos sientan que «piensan más que antes» es un rasgo que también los hace exigir ser escuchados y considerados en las decisiones de la misma forma como lo hacen los jóvenes.

Abrir la discusión

Lo mismo pasa con otros comportamientos: «Escuchar música es muy importante a la hora de sentirse o no un joven. Porque los que se declaraban como tales tenían como actividad principal escuchar música», describe Asún.

Al comparar los resultados con las encuestas de juventud, el jefe de estudios del Injuv se encontró con que los conflictos que los jóvenes de

15 y 16 suelen tener con sus padres se adelantaron a los de 13 y 14. «Tienen problemas por el poco tiempo que les dedican los padres, se quejan porque les dan órdenes, pero no se las justifican».
Estas constataciones ¿responden la pregunta de si hay que bajar o no la edad en la que una persona es considerada joven? «En realidad nos sirve para abrir el debate sobre el tema», responde Paulina Fernández, directora del Injuv.
«Hay que ver si es o no conveniente incluir a los chicos de 13 y 14 años en las políticas públicas relacionadas con juventud. Lo claro es que es una definición que requiere de consenso y que con la discusión de la nueva Ley de Responsabilidad Penal va a tomar vuelo» (ver recuadro).
Para la sicóloga infanto-adolescente y académica de la Universidad Andrés Bello, María Olga Herreros, lo más «adultos» o «maduros» que se puedan ver los púberes y adolescente actuales, no puede llevar a la tentación de hacerlos más precoces.
«Muchas veces un niño de 14 años se puede ver tan grande como un adulto, tener un enorme acceso a la información y conocimiento de tecnologías y eso provoca confusión. Pero desde lo afectivo, él está viviendo una gran fragilidad».
A esa edad, agrega, viven la ambivalencia de que a veces quieren ser considerados como jóvenes, pero en otras… preferirían que los trataran como niños.
«Con las responsabilidades pasa lo mismo», dice Ingrid Marx, directora de Ispaj y una de las autoras del estudio. «Ellos se sienten más cercanos a la juventud porque tienen más deberes. Pero en realidad, lo que quieren es tomar las responsabilidades que a ellos les interesan no las que los otros les quieren dar».

Grupo particular

Esta ambivalencia en el deseo de responsabilidad, agrega la sicóloga, también afecta a los padres. «El ejercicio de la libertad tiene que ser gradual y de acuerdo a la capacidad que el adolescente demuestre para hacerse responsable». Porque suele pasar que los padres ceden a las demandas adolescentes, sin considerar que les están entregando una libertad que ellos todavía no son, síquicamente, capaces de administrar.
La psicóloga y los autores del estudio coinciden en que más que considerar a los niños de 11 a 14 años como jóvenes, hay que mirarlos como un grupo particular cuyos rasgos los separan tanto de los niños, como de los jóvenes.
Paulina Fernández cree que lo anterior es parte del debate que se puede abrir sobre si deben o no ser integrados dentro del concepto de juventud. «Lo que nos interesa es que ellos estén considerados dentro de las políticas públicas como un grupo específico con necesidades propias. Y que no pase lo de ahora, que unos los miran como niños y otros como jóvenes».

Debate

Para la sicóloga María Olga Herreros la discusión sobre la edad de entrada a la juventud tiene mucha relación con la Ley de Responsabilidad Penal, «que -hasta ahora- se ha centrado en lo legal y no ha mirado lo sicológico».
A ella le preocupa el tema, porque a su juicio que el adolescente sepa lo que es bueno o malo no lo hace igual a un adulto.

Ambivalencia

El 55,1% de los encuestados cree que ha crecido porque tiene más responsabilidades.
El 35,5% de ellos cree que esos deberes son lo peor de crecer.