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A propósito del co-lecho

No hay verdades absolutas….cierto. Es parte de lo paradigmático del post modernismo. Pero aún así podemos reflexionar acerca de una especie de moda que se ha posicionado en un sector de nuestra sociedad. Nos referimos al co-lecho, es decir la idea de mantener al infante por largos períodos junto a los padres o a uno de ellos en la cama, compartiendo  este espacio durante la noche, haciendo del dormitorio “matrimonial”, un dormitorio común para todos los involucrados (que también puede ser compartido con otros hijos). Con esto no me estoy refiriendo a la etapa inmediata del puerperio, del post parto, en donde por algunos meses se suele compartir espacio con el infante recién nacido, por comodidad, por estar presto a responder ante una emergencia o por la fragilidad que implica tener a un recién nacido o un lactante de pocos meses. No me estoy refiriendo a otra práctica que involucra a infantes de dos, tres, cinco, ocho años o más, compartiendo cama con los padres.

Pero vamos por parte;

¿Qué sabemos hasta hoy?

Sabemos que la sexualidad, como un amplio concepto que abarca todo el ser humano tanto materia, energético y espiritual, se construye en lo básico en los primeros años de vida especialmente en los tres primeros años. Esto implica que todas las vivencias que se tejen alrededor de este núcleo esencial, la familia, van a tener repercusión en el resultante final, van a producir un efecto sobre el sujeto en ciernes.

La sexualidad la podemos entender como una construcción de ritmos inscritos en el cuerpo, que desde las primarias respuestas somáticas sensoriales, es decir desde sensaciones tan básicas como tocar, mamar, la temperatura, olor, etc., son sentidas por el cuerpo del infante y grabadas en la memoria somática, memoria de la cual no podemos tener acceso más tarde y transformarla en palabras. Por eso en la adultez, por ejemplo, nos aparecen como sensaciones corporales, poco precisas a veces, pero que muchas veces pueden facilitar o impedir el encuentro con el otro.

Para que estos ritmos se inscriban en el cuerpo deben tener una cierta regularidad, o una intensidad tal que marquen una diferencia sustantiva con el fondo de ritmos regulares.

Es así como un abuso sexual, tocaciones por ejemplo, pueden pasar prácticamente desapercibidas en un primer instante, y salvo intensidad o regularidad, “marcarán” un ritmo desajustado, una huella que queda impresa, muchas veces no consciente, pero que desajusta al infante en sus sensaciones (por eso la tendencia a tocarse excesivamente que se observa en infantes abusados, que habla de un monto de sensaciones que se agolpan en ciertas zonas y que distorsionan el funcionamiento normal del infante)

Una de las cosas que hemos observado es que cada infante necesita entonces de instancias para ser tocado, acariciado, sensorializado táctilmente y otras instancias en las que no necesita ser tocado, y acariciado. Este tocar y no tocar, esta cercanía y lejanía creará un ritmo base, un acorde sensorial, que servirá de base (como en la música, acordes que se construyen sobre una base musical y que dan el ritmo) para inscribir entonces sobre los cuerpos de los infantes una memoria básica que nos servirá de base rítmica para en la vida construir nuevas melodías. No obstante, esta memoria, que tiene la configuración basal., el ritmo base, configurará que dentro de la enorme gama de nuevas canciones (relaciones) que construiremos en la vida, mantendremos en general una base melódica que nos limitará la creatividad corporal, sensorial, es decir la gama de diferencias rítmicas de acercamiento, de caricias, de placer táctil con los otros de la vida futura.

El infante desde los primeros días necesita regularidad y disponibilidad tanto física como emocional de los cuidadores. Esta disponibilidad no debe confundirse con estar permanentemente con él, si no más bien estar abierto a postergarse en las propias necesidades (del cuidador) y disponible a decodificar un sistema de comunicación particular entre cada infante y los cuidadores. De esta manera, ¿qué significa un llanto?; ¿un quejido?; ¿un movimiento de los brazos, o la inquietud que muestra, etc.?

Esta interacción única de cada infante con sus cuidadores gatillará un sistema de cuidado hacia el infante, como al mismo tiempo un sistema de apego del infante hacia el cuidador. Estos sistemas independientes pero entrelazados al mismo tiempo, despertará en el cuidador memorias acerca de su historia experiencial que tienen relación con el cómo fue cuidado y cuan seguro fue su soporte infantil en términos del apego (base de seguridad para explorar y sostener el temor de la separación). Estas estrategias, automáticas, poco conscientes, se conocen como Modelos Operativos Internos (MOI) y se elaboran desde las primeras sensaciones somáticas para luego transformarse en cogniciones, una especie de teoría acerca de si mismo y el mundo externo, todas elaboraciones que están más o menos estructuradas al primer año de vida.

Es aquí donde se debe prestar atención a cuanto de esa necesidad de estar con el infante es propia del cuidador, movido por sus propias necesidades de cuidar (por ejemplo porque no lo cuidaron), sin respetar, sin tener un límite respetuoso con el infante, que tal vez no necesite de esa permanencia larga junto a los padres.

Lo que está claro es que cada persona, cada infante necesita su propio espacio, su propio contexto, su color de la pieza, sus móviles, su silencio en la noche, el entorno de juguetes que lo acompañará en la primera infancia. Cada infante necesita a los padres cerca, pero no encima, necesita a los padres cuidadores, pero no carceleros, necesita a los padres alerta, pero relajados y cada infante necesita también que los padres no estén allí en presencia para poder hacer el juego transicional de incorporarlos como imago vicariante en su psiquismo.

Creo que no debe confundirse el cariño por nuestros hijos con necesidades de afecto propias, como también tener claridad acerca del respeto que también le debemos a ellos. El abuso infantil también tiene múltiples caras y en Chile somos líderes en abuso infantil según muchos organismos de respeto internacional.

En un próximo artículo abordaré algunos ejemplos de consecuencias que esto trae en la vida adulta y profundizaré en la construcción de la sexualidad, intimidad y apego.